La coronación de Viena
Una vez recuperada la consciencia y la verticalidad, se impone el periodo de un análisis que, por razones obvias, no fue posible hacer ayer por la noche cuando España levantaba su segunda Eurocopa en el Ernst Happel de Viena y ponía fin a una buena ristra de maleficios que perseguían a la selección nacional desde hacía ya bastantes décadas. Los más mayores estaban emocionados, cómo no, pero nos miraban con cierta condescendencia. Al fin y al cabo, la gran mayoría de ellos vieron el mítico gol de Marcelino ante la URSS en 1964 en la final disputada en el Bernabéu. Para mí ese gol pertenece a otra época, a algo con lo que me resulta imposible sentirme identificado. El siguiente jalón en el camino fue la final de París de 1984 con aquel cruel gol de Platini que se cóló por debajo del cuerpo de Arconada, uno de los mejores metas que ha habido en este país. Apenas contaba con algo de conciencia cuando eso ocurría, de modo que para mí España nunca había ganado nada.
El grupo que ha conformado Aragonés venía oliendo a éxito desde hace más de año y medio cuando después de la vergonzante actuación en Irlanda el seleccionador decidió dar un golpe de timón definitivo y sacar del vestuario de la roja a aquellos elementos que molestaban, entre ellos el capitán del Madrid y sus lugartenientes. Ya no había lugar para el pesimismo y el matonismo del veterano. Luis apostó por dar los galones a la generación que ya había ganado todo en las categorías inferiores, la generación que empezó a salir fuera de España para triunfar en clubes extranjeros, la generación que no entiende de complejos y obvia las pesadas herencias históricas que otros tantos no han podido enterrar. Estos chicos se lo creen y juegan como un equipo cargado de razones para hacerlo pero sin caer en la soberbia ni el desprecio al rival. Saben que su propuesta es frágil y sutil si se compara con la de selecciones de mayor enjundia histórica. Sin embargo también saben que cuando las cosas se hacen bien, con su propuesta España es un equipo con pocas posibilidades de perder.
La velocidad de crucero se alcanzó cuando por fin se pasó de los cuartos de final. Superar la frontera fue determinante y mucho más tras una dramática pelea a navajas con Italia. Aquel 22 de junio, día de san Paulino, Fábregas simbolizaba que España había matado al padre. Y desde ese momento fueron imparables. La semifinal ante Rusia fue un paseo, con una segunda parte memorable que certificó que Alemania debía estar más que asustada, algo que confirmó Metzleder cuando recurrió a los complejos de España como último subterfugio del que se siente prematuramente finado.La final contra los alemanes era la última prueba de fuego para el estilo que ha cautivado al mundo futbolístico. No hay nada mejor que jugar contra la siderurgia para comprobar la viabilidad de la artesanía. Durante el primer cuarto de hora, Alemania fue un verdadero rodillo que se adueñó del balón y buscó con insistencia la portería española. Sabían que el primer golpe podía ser determinante. No consiguieron nada y bajaron el ritmo a medida que España comenzó a jugar. Se volvió a repetir la fórmula: combinación de balones horizontales y verticales, triangulaciones, avance y oportunidades. La jugada del gol resume a la perfección lo que pone este equipo en el terreno de juego: tres toques, verticalidad y definición, a pesar de que Torres necesite cuatro para meter una. El pase que le sirvió Xavi se convertía en su cuarta oportunidad a medida que avanzaba por el césped hacia Lehmann. Por eso Villa es el máximo goleador de la competición, porque él sólo necesita una.
Pudo llegar el segundo y Alemania estuvo contra las cuerdas durante el último cuarto de hora de la segnd parte. El pesadote púgil alemán había encajado primero y no podía seguir el juego de pies del liviano contrincante español. La segunda parte... reconozco que me enfadé en la segunda parte. Me molestó que España renunciase abiertamente a su propuesta para entregarse a las incuestionables virtudes de una contra matadora. Alemania quería el balón, lo necesitaba, debía adelantar sus líneas y España como mejor defiende es bailando alrededor del esférico. Me parecía un tiro en el pie, un modo estúpido de echar por tierra el trabajo de un mes. Pero parece que la suerte está definitivamente de nuestro lado y, donde antes había crueldad de última hora, ahora hay detalles a favor, los detalles que hacen que se ganen o se pierdan este tipo de partidos. Creo recordar que en las entradas correspondientes a los primeros partidos dije que sólo fallábamos en defensa y, si cuidábamos esa faceta, España seguramente podría aspirar al título. España ha defendido mejor que nadie encajando únicamente tres goles, todos ellos en la fase de grupos. Alemania conoció la eficacia de nuestros zagueros y acabó con un Ballack desesperado porque con 31 años ha sido la típica promesa que lo sigue siendo y ha perdido su cuarta final esta temporada que se suman a las tres anteriores durante su carrera. Atesora números de estrella.
No hubo tiempo para más juego. Rápidamente se descorchó el champán, se pasó a la ginebra y otros a los baños y cánticos ininteligibles mientras el gran Casillas se abrazaba con el Rey, Platini se tragaba un buen sapo, Palop homenajeaba a un gran Arconada con una reproduccion de la camiseta que lució el cancerbero vasco en la final del 84 y Senna se anudaba una bufanda del Villarreal a la cintura. Segundos después el capitán español alzaba la Copa de Europa de Naciones hacia el cielo austriaco y escribía la primera página de la historia de lo que con absoluta certeza es y será una gran generación de futbolistas españoles, la generación que ha demostrado a todos sus contemporáneos que España ha salido de la oscuridad para entrar en la realeza del fútbol continental. Sudáfrica 2010 dará la oportunidad de corroborar que también podemos estar entre los mejores del planeta. Servidor espera estar allí (o mejor dicho aquí) para contarlo y festejarlo tal y como se hizo ayer porque amigo José Ramón, has de saber que los historiadores siempre escriben la Historia el día después de que acontezca, mucho más si el campo de batalla está lleno de música, »refrescos» y baños de todos los que han visto con sus propios ojos que por fin podemos creer en los nuestros.